Los Corruptos de Hoy - Santiago del Estero
 
Viernes 24 de Junio de 2005
TESTAFERROS Y MAFIOSOS


El "Pocho"

El Testaferro

El Padrino

El Dr. Antonio “Pocho” Castiglione
destruyó El Liberal y el legado de su padre


Entregó el “decano del norte argentino” en manos del grupo mafioso Curi, vinculado a la obra pública, el narcotráfico, a la desaparición de personas mediante los servicios de Musa Azar Curi y más recientemente comprometido en el doble crimen de la Dársena. El Liberal, que fue uno de los diarios más respetados del país, de la mano de su padre, se convirtió en un refugio de delincuentes disfrazados de empresarios, que no trepidan en extorsionar a personas, empresas y gobiernos, con tal de seguir lucrando con los negocios con el Estado y el submundo de la mafia marginal.


A partir de 1998 el hasta entonces prestigioso diario El Liberal dirigido desde 1929 a 1995 por los doctores Antonio, José Félix, y Aldo Castiglione, comenzó a resquebrajarse editorialmente, bajo la dirección de Julio César Castiglione, hermano de Antonio “Pocho” Castiglione.

Pero nadie imaginaba, ni en el propio El Liberal, ni en la familia Castiglione, ni en el mundo empresario, ni en el mundo periodístico regional, que lo peor estaba por venir de la mano del hijo predilecto de la familia, el famoso radiólogo Dr. Antonio “Pocho” Castiglione.

Era el elegido, el más refinado de la familia, un caballero que nunca antes se había metido en la administración del diario y que se dedicó a su profesión y a viajar por el mundo con su esposa. Decir “El Pocho” era una reverencia con la que lo destacaban todos. Siempre que había una pelea familiar se recurría a “El Pocho” para que mediara y todos acataban su decisión. En cualquier tertulia en donde se hablaba mal de los Castiglione, siempre se lo rescataba a “El Pocho”.

En 1998 bajo la dirección de Julio César Castiglione, hombre de pésimo carácter y peor formación para los negocios, El Liberal SRL le presta más de un millón seiscientos mil dólares a los Castiglione herederos de los doctores Antonio y José Félix. Julio César los había convencido de comprar el diario La Unión de Catamarca y que con la plata no habría problema, porque “todo quedaba en familia”.

No sólo había que comprar La Unión, sino que había que reflotarla y asumir una deuda muy importante con el Obispado catamarqueño. Pero para eso estaba El Liberal de respaldo, la familia y en última instancia el hasta entonces respetado “Pocho” Castiglione.

Como no podía ser de otra manera, atento al olfato empresario de Julio César, La Unión se funde al poco tiempo y no sólo se pierde la inversión total, sino que la deuda con el Obispado queda intacta, de la cual El Liberal es fiador.
En el 2001, El Liberal se desmorona económicamente bajo la pésima administración de Julio César, ya no sólo no podía mantener a la familia, sino que necesitaban que le presten a él.

Comienzan las peleas familiares a tal estridencia que trascienden a la prensa local y nacional, sirviendo de comidilla en todas las reuniones sociales y empresariales. No hay que olvidarse que el lema de El Liberal es “Defenderá la Verdad” y la calle dice “Creele a El Liberal”.


Bishop Antonio “Pocho” Castiglione

La familia recurre entonces al bishop Antonio “Pocho” Castiglione, quien acuerda la necesidad de que la familia le preste plata a El Liberal. Como no todos los Castiglione tenían un buen pasar, hacen sus aportes “Pocho”, Julio César, y Quela Castiglione de Méndez.

El Liberal sigue desmoronándose económicamente bajo la administración de Julio César y el apoyo de su hermano, Antonio “Pocho” Castiglione. Todos veían el precipicio a pocos metros y comenzó el sálvese quien pueda.

En medio de todos estos acontecimientos logran vender el fundido diario La Unión a un grupo empresario de antecedentes impresentables, en una operación de dudoso pago y que fue sospechada por toda la familia Castiglione. Las sospechas se confirmaron puesto que el impresentable empresario nunca pagó y lo más curioso es que Julio César, con el apoyo de “Pocho” Castiglione nunca reclamaron la deuda.

Sin devolverle a EL Liberal SRL, todo el dinero prestado para la compra de La Unión, Antonio “Pocho” Castiglione, Julio César y Quela, logran que les paguen sus aportes con los principales inmuebles del matutino, incluida su redacción.

Demandas por estafa

Por estos accionares poco transparentes, por así llamarlos, varios integrantes de la familia Castiglione le iniciaron demandas a Julio César y “Pocho” Castiglione por estafa. Entre ellas se destaca la radicada por Edith Castiglione de Tarchini.
A estas alturas, El Liberal ya no podía afrontar el pago a los proveedores y llevaba tres meses sin pagarles a los empleados.
Traicionando su linaje y el legado de su padre, Antonio “Pocho” Castiglione decide pactar con el diablo y en diciembre de 2003 se asocia con el más mafioso de los empresarios de Santiago del Estero, el Ing. Victorio Curi.

Testaferro del testaferro

Sin confesarlo a su familia, compra el 60% de las acciones de El Liberal SRL a su nombre, ocultando al verdadero dueño: el temible Curi, alias “El Padrino”, un apodo que se lo pusieron los empresarios de la construcción y que lo dice todo.
El otrora “honorable” Dr. Pocho se convertía ahora en el testaferro de “El Padrino”, que a su vez nombró a otro testaferro, el Esc. Gustavo Yocca, convirtiéndose así en el testaferro del testaferro.
A medida que esta situación, siempre ocultada, se va haciendo cada vez más pública, sus familiares todavía no lo pueden creer ni perdonar, los empleados y periodistas del diario no salen de su asombro y el mundo empresario santiagueño tomó nota de la nueva sociedad mafiosa.

“El Padrino” Victorio Curi

El Ing. Victorio Curi, alias “El Padrino” nació “empresarialmente” de la mano de los gobiernos militares de Onganía y Lanusse, pero su “salto patrimonial” fue extravagante a partir de su alianza estratégica entre el gobierno de Carlos Juárez y la popularmente denominada secta de los “demonios cristianos”.

Juárez contribuía con entregarle a “El Padrino” todas las obras públicas a la empresa Curi Hnos., y Don Victorio se encargaba de “repartir” a todas las empresas constructoras que aceptaban el pacto mafioso de cobrar cien y construir por 30. Eso sí religiosamente había que aportar el denominado “diezmo” a “El Padrino” para que se lo entregara en parte al gobernador y en parte a un fondo propio para financiar las campañas electorales.

Para que todo cerrara era necesario el silencio de los medios de comunicación, de ahí surge la alianza estratégica con los Castiglione, que en esa época tenían el monopolio absoluto de los medios de comunicación. Eran dueños del único canal de aire (Canal 7), del único diario (El Liberal) y de la única radio AM (Lv11). No había ningún otro espacio de comunicación. Recordemos que en esos años no había FM, ni otros diarios, ni mucho menos internet.

Silencio por “Torta Publicitaria”

A cambio de su prolijo silencio, los Castiglione, recibían una magnífica “torta publicitaria” del gobierno e innumerables cargos públicos para sus parientes y amigos-socios. Así colocaron senadores y diputados nacionales, jueces federales, toda la justicia local, ministros, diputados nacionales, intendentes e incluso hasta bajo gobiernos militares o en ausencia de Juárez a gobernadores como Jensen, Iturre, Mujica y Lobo.

Durante más de cincuenta años la alianza estratégica funcionó a la perfección, con el resultado esperado: los “empresarios” Curi y Castiglione se hicieron multimillonarios, y Juárez retuvo el poder.

Para quienes no funcionó la alianza estratégica fue para el pueblo santiagueño, puesto que le costó 50 años de postraciones y penurias, empobreciéndolo a tal extremo que estalló en el santiagueñazo del 16 de diciembre de 1993, donde se incendiaron la sede de los tres poderes del Estado bajo la gobernación del tristemente célebre gobernador Fernando Lobo.

Viviendas, rutas, canales, puentes y toda obra pública provincial se tenía que rehacer permanentemente por su pésima construcción, generando así un círculo de enriquecimiento ilícito de “El Padrino” que sostenía las campañas políticas, envaselinaba a los funcionarios y acallaba a los medios de prensa de los Castiglione. ¿La gente? Bien gracias. Era la que ponía la plata y la que sufría las casas y las rutas. Pero nadie se enteraba, la libertad de prensa era absoluta: sólo se podía publicar lo que no tocara a la alianza Curi-Juárez-Castiglione.

La oligarquía Castiglione-Curi

Pero como toda oligarquía comienza a envalentonarse con el poder y se empacha del mismo creyendo que todo lo puede, a pesar del paso de los años. Al ascenso económico, se le sumó el reconocimiento social de las familias acomodadas y la reverencia obsecuente.

Así, de exceso en exceso no comprendieron que el país iba cambiando y que la gente comenzaba a anoticiarse del origen de sus males.
La obra pública dejó de ser lo “redituable” que era antes y los medios de comunicación comenzaron a multiplicarse con la aparición de un sinnúmero de FM, la televisión por cable, internet, el Nuevo Diario, e innumerables pasquines de edición gratuita.

El único que seguía intacto era Juárez en el poder que les exigía puntualmente su cuota de financiación y su silencio informativo.

Como no podía ser de otra manera, la alianza explotó en lo político porque los dos grupos “empresarios” Curi y Castiglione, decidieron derrocarlo.

Los Castiglione se autodestruían familiarmente y sin saber cómo competir, luego de haber sido monopólicos absolutos durante toda su existencia. La “torta publicitaria” se empezó a distribuir para varios comensales y su poder de influencia en la sociedad se caía. Nada hicieron para reaccionar y la familia (más de doscientos) ya no podía vivir de los santiagueños.

Asesinos y narcotraficantes

Victorio Curi, el más mafioso de todos los empresarios santiagueños que se recuerde, decidió incursionar en otros “rubros” empresariales de gran rentabilidad: el narcotráfico, el robo a mano armada, el asesinato y la desaparición de personas.

Incorpora a su staff de gerenciamiento a su pariente, el torturador Musa Azar Curi, quién le organiza “el negocio” y le asegura la impunidad espaldas de Juárez.

Para los que no lo saben la madre de Musa Azar es Anisi Curi hermana de Victorio "El Padrino" Curi.

Santiago del Estero se convierte en una megapista de aterrizaje para la comercialización de droga y de todo tipo de contrabando. Los asaltos a ganaderos y empresarios se multiplica y comienzan los crímenes y las desapariciones de personas; el abigeato, la prostitución, los desarmaderos de autos, el desmantelamiento de los rieles del FF.CC., todo se va incorporando como rubros “productivos” de “El Padrino” Victorio Curi.

El malandraje pulula como nunca antes y se desboca en excesos, muertes y más muertes se acumulan durante el gobierno de los Juárez, hasta que explota el doble crimen de La Dársena que sintetiza los diferentes “rubros” del “grupo empresario” Curi.

La droga, la prostitución, la tortura, los hijos del poder y el asesinato estallan en la cara de los Juárez y cae la intervención federal.

Mitad demonio, mitad testaferro

Los Castiglione, ya enfrentados a muerte con Juárez y secos de bolsillos (como comentáramos al principio) comenzaron a conspirar, a través de la Universidad Católica y sus excelentes contactos con la Iglesia poniendo a disposición El Liberal y armando alianzas estratégicas con medios nacionales, entre los que se encuentran Cable Express, propiedad de Gualtieri (el Curi de Duhalde, en la provincia de Bs. As.).

Surge entonces, el escribano Gustavo Yocca, mitad demonio cristiano y mitad testaferro de Curi como el mediador entre Antonio “Pocho” Castiglione y Victorio Curi.

Allí surge la necesidad de restablecer la alianza estratégica que los enriqueció y que no supieron aprovechar para consolidar empresas sólidas y productivas.

Sociedad con Béliz y Lanusse

Se asociaron con Pablo Lanusse, vía Gustavo Béliz (hombre de la Iglesia) y tejieron un laborioso plan de toma del poder utilizando el doble crimen de La Dársena como pantalla.

El disparador de la intervención federal a la provincia fue sin duda el doble crimen de La Dársena y se fueron sin haberlo resuelto. Nunca estuvo tan paralizada la causa como durante el año de la intervención, no se avanzó nada, no se aportó nada. Peor aún se miró para otro lado, e incluso Lanusse llegó a afirmar que él no vino para resolver ese crimen.

Pensar que Lanusse y compañía hicieron marchas y marchas, antes y después de la intervención, señalando a hipotéticos culpables; pero cuando tuvo todo el poder político, judicial y de seguridad para resolverlo no lo hizo. Queda pues muy en claro el oportunismo inmoral de la utilización de un horrendo crimen para llegar al poder y cubrir a los verdaderos responsables. Nunca les interesó impartir justicia y hoy con los resultados a la vista huelgan las palabras.

Proclamaban por todos los medios la defensa de los derechos humanos, las garantías constitucionales, el derecho a la vida y desnudaban todos los errores del gobierno de Juárez.

Curiosamente y por lo que fundamentamos antes, los Castiglione y los Curi habían sido los creadores de Juárez y quienes lo apañaron durante cincuenta años para que plasmara todo su vergonzoso gobierno.

Tienen responsabilidades concretas directas e indirectas sobre los padecimientos de la sociedad de Santiago del Estero. Lejos de estar ausente de protagonismo han sido un factor de poder sumamente influyente tanto en el campo político como económico.

El objetivo era claro: recuperar el poder político y económico que supieron atesorar. La lucha no es por la ética ni por la moral, mucho menos por la democracia y los derechos humanos, es por el poder.

De la más baja calaña

En medio de todo este descalabro institucional se desató la más feroz persecución que se recuerde en el país contra las empresas privadas y medios de comunicación que no comulgaban con el régimen.

A la calumnia y la injuria vociferada con tal libertinaje desde los medios de comunicación apañados por los dineros publicitarios de la intervención; le siguieron las bandas piqueteras, pagadas con bolsines y dineros públicos.

Armaron páginas de internet para involucrar a personas inocentes en el doble crimen de La Dársena, pagaron abogados para entorpecer la causa, pagaron testigos falsos, se encargaron de distribuir a la prensa del país versiones canallescas, y hasta recientemente compraron a Olga Villalba, la madre de Patricia, asesinada por la gente de Musa, gerente de Curi. A tal punto que ahora declara que saldrá a dar la vida para defender a Musa de esta injusticia ¡?

Estamos hablando de estrategias de la más baja calaña, que nunca antes se conocieron en Santiago del Estero. A eso se asoció el otrora honorable Dr. Antonio “Pocho” Castiglione.

Taparon que el hijo de Curi “el gordo” pernoctó la noche del crimen en el hotel del papá, Don Victorio, prófugo de la justicia por haber traficado cinco kilogramos de cocaína y que Enrique Castiglione (hijo de “El Pocho”) y Gustavo Yocca conformaban un mismo grupo de amistades.

En los próximos meses se van a desvelar algunas dudas claves en el cambio de conducta del Dr. Antonio “Pocho” Castiglione, sobre el cual cabe preguntarse ¿si se asoció con el peor mafioso de Santiago del Estero, por la necesidad de cubrir un crimen que habría realizado su hijo? o si simplemente ¿se asoció por la plata y el poder, compartiendo los negocios sucios que él no puede operar, como el narcotráfico y la desaparición de personas?

Queda claro entonces y reiteramos que el Dr. Antonio “Pocho” Castiglione entregó el “decano del norte argentino” en manos del grupo mafioso Curi, vinculado a la obra pública, el narcotráfico, a la desaparición de personas mediante los servicios de Musa Azar Curi y más recientemente comprometido en el doble crimen de la Dársena. El Liberal, que fue uno de los diarios más respetados del país, de la mano de su padre, se convirtió en un refugio de delincuentes disfrazados de empresarios, que no trepidan en extorsionar a personas, empresas y gobiernos, con tal de seguir lucrando con los negocios con el Estado y el submundo de la mafia marginal.


PRONTO DEVELAREMOS POR QUÉ EL LIBERAL MIENTE SOBRE EL CASO DÁRSENA. A QUIÉN PROTEJE. Y POR QUÉ NO CITA A DECLARAR LA JUSTICIA A YOCCA Y A CURI EN EL DOBLE CRIMEN